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REAL HISTORIA DE INDIOS
Martes, 11 de octubre de 2022
Chaqueños y su aporte a la difusión de la música y el baile del chamamé
Su mérito fue poner en la escena nacional e internacional la música de la región, dando comienzo a una gloriosa época.
Por: Raúl Osvaldo Coronel

Raúl Oscar Cerruti desarrolló y publicó sus investigaciones sobre el chamamé con exhibiciones coreográficas y musicales. Tuvo importantes colaboradores, bailarines y músicos, pero fue él quien estudió el fenómeno cultural para mostrar la música y el baile regional.

No se quedó con el éxito de 1960 de colocar a la música y baile del chamamé como una manifestación folclórica regional, por veredicto de Félix Coluccio, León Benarós y Carlos Vega. Lo habían calificado por su originalidad y frescura, su magnífico chamamé y su agradable valseado, con sabroso color popular, novedoso vestuario rural, expresión fiel de la realidad, demás detalles de presentación que acreditaron su excelente organización escénica.

Tampoco lo detuvo el nuevo éxito en el Primer Festival de la Música Litoraleña y Simposio (1963) en Posadas, Misiones, donde se presentó el cuadro costumbrista de su autoría "Chamamé con tiro de taba". Aquí obtuvo los primeros premios: autenticidad y presentación escénica, conjunto orquestal, conjunto musical para acompañantes, elenco de danzas y primer premio a la mejor interpretación expresiva en pareja de danzas de chamamé.

El desafío fue el IV Festival Nacional del Folclore de Cosquín de 1964, donde bajo la dirección general de Raúl Cerruti se presentó "Chamamé con Tiro de Taba - Bailantas Chamameceras" con una delegación considerada numerosa, de 34 integrantes. Delegado fue Juan Pedemonte, por el Consejo General de Educación Héctor Daniel Rastellini, recitador cuentista Luis Landriscina, solista de canto y guitarra Marcial Suárez, cancionista Jovita Díaz.

Las bailarinas/es fueron Graciela Bravo, Graciela González, Beatriz Ríos Sosa, Virginia Argañarás, Yolanda Cabrera, Ana María Lucas, Libertad Ramos, Eva Valussi e Irma Valussi.

Oscar Miranda, Carlos Calabroni, Juan Osmar Romero, Ertivio Acosta, Catalino Insaurralde, Luis Aguirre, Víctor Santiago Portillo, Ernesto Balbuena, Omar de León, Alberto Pérez, Ángel Amarilla y Adrián Quiroz.

Los músicos, Jovino Cantero, Mario Quiroz, Eduardo Broncano, Oscar Cacho Cerruti, Julio Nuevo, Carlos Cáceres, Héctor Carballo y Juan Ocampo. Les tocó el turno de presentación pasadas las 22 del 22 de enero de 1964. En el fondo del escenario se representaba el monte chaqueño, ahí mismo estaba un grupo de bailarines luciendo rayadas y coloridas canilleras, bombachas batarazas y anchas fajas negras, achatados sombreros negros con ponchillo al hombro. El conjunto de musiqueros, a un costado de la imagen de un rancho. Mientras, un paisano bailarín marcó con la punta de un cuchillo, una imaginaria cancha de taba en el escenario. A la vez, las guainas (bailarinas) iban y venían con una graciosa forma de caminar, alardeando de sus vestidos, sus largas trenzas y alpargatas; todos en conjunto daban vida al tan famoso como prohibido juego de taba, casi única diversión del peón de monte.

Pero justo en ese momento irrumpió con sorpresa, revolver en mano, el policía comisario del lugar, enemigo declarado de la taba y de todos los juegos de azar, dispuesto a proceder para suspender la bailanta que enmascaraba el juego. Fue ahí cuando se largó la música de chamamé y las damas salieron al encuentro del comisario, convenciéndolo para bailar esta música bien zapateada, a propósito de sus botas como calzado de milico.

De allí en más, la bailanta se generalizó en el escenario y se contagió con esa magia a todo el público presente. Así llegó al corazón de los miles de espectadores que aplaudieron y ovacionaron calurosamente. Una vez más, Raúl Oscar Cerruti cumplió el objetivo de dar a conocer nuestra identidad regional en cuanto a la música y el baile.

La Plaza Nacional del Folclore Próspero Molina, albergó esa última noche del festival, y alrededor de 60.000 personas se mantuvieron inquietas, esperando el fallo del jurado para la adjudicación y la entrega del máximo galardón, que era el primer puesto. Con la estatuilla entregada más tarde, se consagró a la delegación del Chaco con el primer puesto en danzas, por bailar chamamé. Luis Landriscina, en esa oportunidad, obtuvo el premio al mejor cuentista recitador.

La participación en la Delegación del Chaco de Luis Landriscina y Jovita Díaz como cantante, ambos de la ciudad de Villa Ángela, resultó a pedido del gobernador de la provincia de ese entonces, el escribano Felipe Bittel, que también era oriundo de esa ciudad y a su vez el que proporcionó la logística para viajar a Cosquín. Esa fue la razón para llevar la representación oficial de la provincia del Chaco, que estuvo a cargo del presidente del Consejo General de Educación, el docente Héctor Daniel Rastellini.

Un complemento indispensable incorporado en todas las presentaciones de los cuadros costumbristas al momento de ejecutar un chamamé fue el sapucay, un grito que el hachero lanzaba de forma espontánea al momento que lograba desplomar el centenario quebracho colorado. A su vez, es el mismo grito que se escapa involuntariamente a cualquier ser humano al ser empujado por alguna otra circunstancia.

Todo lo que rodea a un ser humano de esta región era, y es hasta ahora, objeto de un sapucay, como cuando comienza la lluvia y cae un rayo, o cuando se alborota o se espanta la hacienda, cuando se juega una partida de truco o se corta la energía eléctrica en nuestras casas. He visto y escuchado también a mujeres gritar sapucays en diferentes acontecimientos de alegría e incluso por la música del chamamé.

Hay diferentes clases de gritos: el sapucay colí, grito corto que se hace en los primeros fraseos del chamamé; el sapucay campana o escalonado, que comienza con gritos cortos (colí) y corridos que finalizan en uno largo y acentuado. Los sapucays largos, también llamados pucú, como una nota de una revancha o como un desafío, el sapucay campana en las carreras cuadreras (por cuadras, 100 a 120 m) de caballos. El sapucay campana se grita cuando el caballo favorito y su jinete están llegando a la meta final.

Cuentan nuestros veteranos de la guerra de Malvinas que soldados correntinos atrincherados en sus puestos de combate, ametralladoras en mano, de cara al fuego enemigo, gritaban valientemente estridentes sapucays campana y así luchaban quizás hasta el final de sus vidas. Dios los tenga en su gloria.

*Abogado, especialista en evaluaciones ambientales, escritor, historiador del Chaco y sus ancestros.



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