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El sentimiento de abrazar
Viernes, 26 de noviembre de 2004
El sentimiento de abrazar



Ganador del Cóndor de Plata al Mejor Sonido, también estuvo nominada como mejor Ópera Prima y mejor Documental.
El arte de Raúl Barboza es para mí una experiencia imposible de transferir con palabras. Se construye a partir de las pequeñas cosas de la vida, esas que al hombre no le hace falta ninguna maleta para llevarlas consigo, a ningún sitio, por lejano que sea, como París, donde Raúl vive desde hace quince años. La naturaleza de las emociones que transmite lo hace único, como también lo son cada una de las notas de su acordeón, que las más de las veces son capaces de concentrar en sí mismas, simultáneamente, la alegría y la tristeza del alma humana. En ese continente a la vez amado y desconocido de los argentinos: la música del chamamé.
Silvia Di Florio construyó a fuerza de sensibilidad un filme sobre Barboza que él mismo tituló: El sentimiento de abrazar. Actualmente se está exhibiendo en el Palais de Glace y promete una movida por el interior del país en un circuito no tradicional de distribución. Lo que sigue es una charla que mantuvimos con Silvia sobre la música, el cine y algunas cosas más.
La Opinión de la gente: ¿Se trata de un retrato humano donde el protagonista absoluto es la música?
SDF: Lo que decís es una decisión que tiene mucho que ver con lo que la música significa para mí. Es algo que alimenta el espíritu, es personal; básicamente yo tengo una afinidad muy particular con la música y con el chamamé, y desde el chamamé con Raúl. Yo encaré este proyecto y traté de complementar el trabajo que Raúl hace magistralmente con el acordeón - que es transmitir sentimientos, colores - y desde la música contar el perfil del personaje. A medida que fui avanzando, registrando conciertos, haciendo entrevistas con él, me di cuenta de que aparte de ser un músico excepcional, tiene una capacidad de transmitir desde la palabra matices y sutilezas casi poéticas y filosóficas que yo me arriesgué a reflejar y a ensamblar con la música. Desde el comienzo me dije: no quiero hacer un perfil clásico ni una biografía relatada. Ni siquiera basarme en una larga entrevista (aunque la tenía) contando el acontecer de su vida; preferí basarme en la música y tratar de pescar esto tan profundo que Raúl transmite al interpretar el acordeón. Quedarme con la palabra de él mismo sobre lo conceptual de la vida, sus ancestros, sus orígenes, lo que cuenta a lo largo de la película.
LO: ¿Cómo es la historia tuya con el chamamé?
SDF: Yo escucho chamamé desde mi infancia, mi abuela era guaraní; ando con una foto de ella y tengo también la foto de mi nieta. (Nos las muestra)
LO: A tu nieta y a tu abuela les dedicás la película. . .
SDF: Si. Y quizás algo que influyó en mi súper arraigo fue que yo viví afuera, en un lugar tan distante como Suecia, y esta música me pegaba muy fuerte.
LO: Por lo general el chamamé es una música subestimada. . .
SDF: Totalmente, por eso el gran homenaje a Barboza y al chamamé. La música que siempre nos representa es el tango, pero nosotros tenemos músicas hermosísimas y súper representativas como el chamamé y la chacarera. El chamamé tiene raíces profundas en nuestra cultura y ha sido siempre subestimado. Mi abuela jamás te iba a hablar en guaraní, porque siempre fueron marginados, maltratados, entonces ella tenía giros idiomáticos. Vivimos en una sociedad que oculta, tapa, es una sociedad frívola, con pérdida de valores y de contenidos. Yo, humildemente, aunque ambiciosamente, dije: quiero hacer una película, porque la trascendencia de una película es un poquito mayor que la de un video o una cosita para televisión, y porque lo que te pasa cuando ves y escuchás a este maravilloso músico haciendo su maravillosa música en esa pantalla grande, no te pasa cuando lo ves en un televisor. Yo eso lo sabía y dije: no paro hasta que tenga una imagen que te parta el corazón de la emoción. ¡Ojalá y lo logre!
LO: Vos has construido una película sobre pequeñas cosas, y eso es un riesgo como cineasta, porque el cineasta se muestra a sí mismo, y también porque tiene que bancarse si alguien dice esta película es aburrida.
SDF: La inminencia del estreno me tiene muy ansiosa. ¡Pero yo digo todo el tiempo que estoy tan conforme con la película! Sí, pensé que la película no tiene que aburrir, pero porque no tiene que aburrirme a mí, porque puse cosas desde las entrañas, y yo la película la disfruté. Son riesgos a tomar, mi objetivo tiene más que ver con el desafío de decir: yo quiero que esta música se conozca, quiero que esta música nos represente, que este músico excepcional suene como no sonó hasta ahora, y poner un granito más de arena para darle un lugar más merecido. Este gran músico que tenemos.
LO: ¿Hiciste cámara en una parte del rodaje?
SDF: Si, porque fue una película muy remada, a pulmón puro. Hice cámara porque en una de las oportunidades que vino Barboza y se iba a Paraná, no podía venir Ricardo De Angelis ni otro de los cameraman, Gustavo Cataldi. Entonces fui a Sony, conseguí una cámara prestada y me dije: ¡ Al toro, no me lo pierdo! Hay cosas que quedaron, y también hice la secuencia de la pescadería y el viaje en la camioneta.
LO: La imagen nunca delata que hay tres cameraman, ¿Cómo lográs una compenetración tan fuerte con el equipo?
SDF: Trabajando con Ricardo De Angelis, que es mi pareja y tiene un conocimiento y una sensibilidad muy particulares, que yo conozco y reconozco con pocas palabras y mucho sentimiento. Con el resto del equipo todo el tiempo busqué rodearme de gente que fueran excelentes profesionales, y priorizando la sensibilidad frente a la película que yo quería hacer. A Chango yo le decía: acá vos sos los ojos, la cara y las manos de Barboza. Y no se necesitaba nada más; tenía la tranquilidad más absoluta de que iba a obtener lo que necesitaba. De hecho una secuencia la armé como si hubiera siete cámaras y había sólo dos. Esto tiene que ver con que el entendimiento era tan intenso, y no hubo más que captar lo que todos queríamos captar: esos ojos vidriosos de Raúl, esas manos, esa energía cuando toca algunos compases, esa mirada obnubilada, ese entendimiento que tiene con los músicos, a los que por un lado les da total libertad y sin embargo quedan casi hipnotizados por el ángel de Raúl.
LO: Querría que nos hables de la relación de Raúl con las personas simples. Hay una imagen donde se comunican a través de los ojos.
SDF: Ese fue un momento muy potente, se filmó a fin del año pasado. Viajamos a Posadas, y creo que eso te da cuenta del personaje, de la simpleza de Raúl, que aunque vive en París y de vez en cuando debe ir a alguna recepción en la Embajada y demás, es un ser que no ha perdido la sencillez en el contacto con la vida misma. Eso hace que se comunique a través de cosas muy sutiles. Ese fue un momento donde se habló muy poco y se dijo mucho. Se sintió mucho. Estaban los aborígenes, estábamos todos desbordados, y lo que él toca, que es una improvisación, creo que para él fue también muy intenso. Yo creo que aprendí mucho haciendo esta película. Me cuesta a veces decir o contar cosas, pero aprendí de esta sencillez para encarar los momentos de la vida. Creo que esto se lo dio el andar tantos caminos; ha crecido como músico junto a su padre tocando el acordeón desde chiquito, y hoy está en París, toca acá o allá, en todos lados, toca en Italia, hoy se iba a la Bretaña a hacer un concierto y cuando vuelve se viene para acá. Sin embargo no perdió la sencillez de los nueve años de edad, cuando le tomaron la foto que rescaté para el afiche y la gráfica, porque transmite sus orígenes. Ahí es un chiquito con ojos rasgados, como hoy, que transmite que él, desde entonces, anda por acá y allá tocando su música con un acordeoncito de dos hileras.
LO: En varios momentos del filme Raúl explica que viviendo a 12000 Km de distancia nunca se fue del Litoral. Contanos algo de él como persona.
SDF: Él está en París pero se conecta permanentemente con sus raíces, con el canto de los pájaros, con el agua del río. Sus sonidos están tan enraizados como si el acordeón hablara guaraní. A pesar de que hace 15 años que está afuera vos llegás a su casa y toma mate todo el día, y si es verano anda en alpargatas, y es un ser tan. . . no sé si humilde, pero coherente con lo que dice a lo largo de la película, con los rescates de los valores más simples de la vida. Un mate, un plato simple de comida, la calle al lado del Sena igual a la calle en medio de la selva correntina o misionera. Es un tipo que disfruta plenamente de las cosas simples, y un ser así hoy habla de valores esenciales muy profundos.
LO: Es una película que no menciona lo social, lo contiene.
SDF: Totalmente. Barboza tiene una formación intelectual, pero para llegar al Barboza de hoy recorrió mucho trecho. En ese trecho hay cosas que no se perdieron. ¡Y hay muchos que pierden tanto en el camino que es una pena! Bueno, él no lo perdió. Creo que esa coherencia es lo que me deslumbra. Hay gente mucho más joven que se pierde en el camino mucho antes, y Raúl Barboza, que hoy tiene 65 años, no se ha perdido en el camino por más que viva en Paris. Eso tiene un valor enorme y hace a una elección.
LO: La penumbra de París está hasta en los momentos en que él recibe los aplausos del público, hay una combinación con la música, que es alegre pero subterráneamente guarda una profunda tristeza
SDF: Cuando empecé a trabajar las imágenes dije: esta película no tiene noche, tiene luz básicamente. Sí tiene nostalgia, tiene grises, penumbra, y tiene momentos emotivos o nostálgicos porque el chamamé ríe a carcajadas pero de pronto llora. Pero ni siquiera pensé en una noche de luna al lado del Paraná, porque esta película no me daba noche. No quiere decir que no haya noches maravillosas pero yo quise contarlo desde la luz. Tenía una imagen de un atardecer penumbroso, un ocaso, pero me saltaba, era una cuestión de sentimientos. Si me lo preguntás te digo que el momento fue maravilloso, la imagen estaba bárbara pero cuando la ponía en medio de la luz me daba sombra, y, no lo puse. Esta película está hecha desde la luz. Tiene el prólogo en blanco y negro, está grabado en el año 2000, y luego va apareciendo el color. Dije: lo mando en blanco y negro porque tiene algo iniciático desde lo que él dice.
LO: Qué curioso esto de la penumbra, lo que queda bien marcado es la penumbra de París frente al litoral que es todo sol. No se como lo viviste vos, pero donde se produce una sensación de agobio es en el departamento de Raúl en París, tan pequeño para contener a un ser con tanta luz, libertad.
SDF: Si, es todo muy lindo, el barrio latino. . . es verdad, nosotros trabajamos ese día a ventanas cerradas, algo buenísimo para el sonido, pero afuera llovía, fue un día gris y salimos a las 9.30 de la noche y no dio para que llevara el instrumento, ni nada. En ese aspecto yo mantuve la coherencia de la penumbra en contraste con el fantástico color de nuestro paisaje mesopotámico. Lo que no me daba es noche, hay una sola secuencia casi nocturna, ¡En París! Pero no importan las edades, ni la distancia, es estar cerca de este hombre y quedar como tocado.
Raúl Favella
Silvia Rodulfo



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