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Avañe´ëme kuatia, peteï
Jueves, 30 de junio de 2011
Avañe´ëme kuatia, peteï


 

El escritor Girala Yampey analiza y reflexiona sobre este momento histórico. El guaraní como idioma cooficial en nuestra provincia. La lengua guaraní, desarrollada magníficamente en la selva, aún siendo gutural-nasal, posee una diáfana sonoridad, es amena y fraternal. Quien lo habla o lo entiende, queda deslumbrado por sus bellas y poéticas expresiones.

El idioma guaraní ha resistido, durante siglos, toda la suerte de pisoteos, persecuciones y prohibiciones que tuvo que enfrentar. A pesar de resistir marginaciones y menosprecios, mantuvo una vigorosa presencia en la memoria de su pueblo.
Los invasores se esfuerzan siempre en desdibujar la Identidad cultural de sus dominados. Hay quienes, por desconocimiento o insensibilidad, arrinconan y persiguen los valores del avañe´ë. Son las prolongaciones autóctonas de aquellos detractores equivocados. Será por que desconocen que todos los idiomas, sin distinción, son valiosas fuentes del saber. El guaraní está entre ellos. Muchos de sus vocablos se han incorporado al castellano.
La lengua guaraní, desarrollada magníficamente en la selva, aún siendo gutural-nasal, posee una diáfana sonoridad, es amena y fraternal. Quien lo habla o lo entiende, queda deslumbrado por sus bellas y poéticas expresiones.
Las ponderaciones al idioma aborigen vienen desde la época en que los españoles lo conocieron y admiraron. Es paradójico que hasta hoy se lo rechace, sabiendo que durante largos periodos de la colonia, se hablaba más guaraní que en castellano. Los allegados a nuestra zona, quedan fascinados por sus palabras, afectuosas y cordiales. El guaraní, no ordena al interlocutor sino ruega y apela al sentimiento de quien lo escucha. Es fraternal y preciso.
No me limitaré a la mera alabanza de sus bondades. Aguardando la reglamentación de Planes de educación, que implementarán los Organismos Oficiales, haré algunas consideraciones sobre diversos aspectos del idioma y su enseñanza. Reconociendo mis limitaciones en la materia, pues solamente soy un amigo asomado atrevidamente al tema por creer que está pasando por el difícil trance de reconstruir sus estructuras para acceder a la modernidad.
La institucionalización de la lengua guaraní, ha sido una gran conquista. Ahora, la ley la reconoce como idioma y dispone su enseñanza en Escuelas, Colegios y la Universidad. Después de tantos años de rechazos, que no lograron hundirlo en el olvido, ante la realidad de su vigorosa presencia, se ha impuesto el largo anhelo de su reivindicación. No será malogrado lo más representativo de la Identidad cultural guaraní, transferido a la correntinidad. Por fin el pueblo usará libremente su idioma.
En España, hablan y escriben en castellano, vasco, catalán, mallorquín, gallego y otros. Lo hacen normalmente, sin gentiles distinciones ni odiosos bastardeos. En el caso Correntino, se avecina la Normalización de la lengua aborigen. Seguramente, ahora serán creadas las condiciones que evitarán ser condenada al olvido.
Enhorabuena, es el momento histórico en que, con entusiasmo y constancia, con amor y tolerancia, comenzaremos a destejer, en todo su esplendor, los entretejidos del dulce avañe´ë. Rescataremos palabras arcaicas casi olvidadas, introduciremos neologismos desde las mismas raíces guaraníes, prestaremos vocablos de otras lenguas, pero cuidaremos no crear situaciones perjudiciales para el desarrollo armónico y aceptado del idioma. Porque, nadie lo habla bien ni existe una Academia que otorgue validez de pureza a sus palabras, sintaxis o estructura. Todos necesitamos transitar por sus sílabas y vocablos, aprender mejor la composición de su lenguaje y conocer sus singularidades.
Normalizar el guaraní en nuestra sociedad, significa adaptar todas las leyes al uso de la lengua. La sociedad también puede ayudar, sabiendo que se topará con muchos interrogantes que deben ser discutidos para encontrar la mejor implementación de su enseñanza. Hay que despejar dudas, corregir falencias y pulir palabras y frases, además de homogeneizar la pronunciación y la escritura.
En los últimos tiempos, las palabras guaraníes, han sido usadas desordenadamente, sin dinámica de lenguaje. Además, han sufrido desgaste y dispersión, propias de las lenguas ágrafas. Necesitamos mejorar su modulación, enderezar sus desvíos y superar sus deficiencias, para vencer la agonía en que se encuentran. Para ayudarlas, concedámosles su normalización, tanto en la adopción de su correcta escritura, como en la pronunciación. Tratemos de conocer los vocablos elementales, aunque fuera por acto de presencia o por curiosidad.
Son muchos los que aún descreen de las posibilidades del idioma. Piensan que en su horizonte no se vislumbra ninguna bonanza. Del futuro se pueden decir muchas cosas, hasta falaces. Es posible que el guaraní tenga un destino limitado, como vaticinan, pero ante la contundente realidad de su vigorosa presencia y el aprecio que le demuestra el pueblo, no debemos desentendernos de su suerte.
Con su enseñanza viene la esperanza, a pesar de presentir sus andanza en tumbos y tropiezos. Ayudemos a la lengua vernácula dándole la posibilidad de ser hablada en cualquier lugar, afirmando con orgullo que no es inútil ni bastarda. Librémosla de sus vicios, evitando las voces “intrusas” de otros idiomas, cuando se tiene a meno la misma palabra en guaraní.
Usemos la grafía correcta. Por ejemplo, escribimos mal “ybera” y “araberá” que deben escribirse “yvera” y “aravera”, con v y sin pintar la acentuación final, porque todas las palabras guaraníes son agudas, sin necesidad de tilde en la última sílaba. Si prestamos atención a la pronunciación de las palabras mencionadas, veremos que son labiodentales y deben ser escritas, aún en castellano: yvera y aravera. Aprendemos a escribir el guaraní como corresponde y pronunciemos bien sus vocablos, además de tratar de conocer sus significados, como las populares: sapukái, purahéi, mabaraka, kunu´ü, néike, mba´éichapa, aháta, decir una galantería a una guáina, como: rohayhu kuñataï o con otras palabras fáciles de aprender. Que nuestros oídos se acostumbren a las sonoridades del idioma.
La uniformidad de la grafía, resulta indispensable. Debemos cuidar la correcta escritura, teniendo presente que ésta cuestión es fundamental para no seguir cometiendo errores que se desparraman en abanico y confunde cada vez más a quienes intentan aprender el idioma.
Giyala Yampey – agosto de 2005



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