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Ituzaingó
Lunes, 30 de noviembre de 2015
La historia de la Peregrinación gaucha a Itatí
La historia de esta travesía remonta sus inicios al año 1.999, fin de una época, antesala de convulsiones sociales, ideológicas, y espirituales. En Ituzaingó, en el pueblo del camino largo, un grupo de amigos (gauchos ellos) comenzaron a idear, medio en broma/medio en serio, un viaje de fe. Cual epopeya contemporánea, un buen día, decidieron que era el momento. Era el momento de cambiar el tono de las plegarias, de aumentar el peso de la ofrenda, y entregarse de lleno en su fe cristiana.-


-Especial-Mercedes Sosa-

La peregrinación comenzó un 5 de Diciembre, cuando todavía el alba dormía. Apenas diez jinetes, sus montados, y su avío, se alistaban a salir. ¿A dónde iban? ¿A qué iban? Preguntaban amigos y familiares. Ellos no tenían la respuesta, pero días después, años después, todas las respuestas sobrarían.-

Los días se sucedieron, madrugadas, carpas, charque, mate, aguardiente. Descansar los pingos bajo una sombra, bañarlos, refescarlos, calzarse una capa ante la lluvia, y seguir. Amaneceres y atardeceres los hallaron en su rumbo, de a ratos contando historias, de a ratos llorando un poco, de a ratos queriendo llegar. Queriendo verla, a ella, que era el motivo de toda esa fiesta. Ese año, el día de la Inmaculada Concepción, la Virgen Morena recibió en su altar a sus hijos gauchos, los rebeldes, los duros, los que no lloran. Eran los amigos de Gaucho Retá, que ese día SÍ LLORARON.-

Así comenzó la historia de este puñado de peregrinos de la más diversa estirpe, de distinto pelaje, maña, y corazón. Los unen dos cosas: el amor por su patria y la devoción por su Virgen. Para el año 2.001, se sumaron al grupo hermanos misioneros, encabezados por Don Raúl Silva, “El Luchador”, quien este año partió hacia la gran musiqueada. Tras los pasos de bayos, gateados y tordillos aparecieron los vecinos, amigos brasileros que se unieron como hermanos, codo a codo, a rienda suelta.-

Pasaban los años y cada vez más jinetes, más caballos, más carpas, y más historias. Los casi cuarenta jinetes, empezaban a hacer ruido. Y cómo no harían ruido, si iban comandados por Don Raúl Motta, que a veces parece salido de un cuento viejo, de esos que pasaban antes. Viejo campero, tradicionalista, defensor de su tierra y sus costumbres, pero sobre todo de su gente. Con el crecimiento de la Peregrinación se puso al lomo todo el grupo, y nos brinda el norte con su singular traza agreste, con sus ojos mansos de humedal.-

En el camino se sumaron muchos amigos, hijos, y de repente, sin darnos cuenta, también llegaron mujeres. Hijas, esposas, amigas, esta vez, en vez de preparar el avío, encalcharon sus caballos. En la huella demostraron que no había con los hombres ninguna diferencia, más que el largo de sus clinas. Ellas también eran gauchas, y querían peregrinar a la casa de su madre.-

Así como amigos se han sumado, con hondo pesar, otros han partido… Siguieron la música de las celestiales guitarras, se nos fueron allá, a la tierra sin mal. Y extrañamos sus maneras, sus recuerdos, sus historias. Acá estamos firmes, cansados, sucios, pero enteros, agradecidos, esperanzados, felices y emocionados. Todo es poco para nuestra madre, por eso ¡¡¡¡¡¡¡¡¡Acá estamos, con lo que más queremos, nuestra vida, y nuestros caballos!!!!!!!!!