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Por qué me gusta la obra de Gustavo Roldán
Domingo, 08 de abril de 2012
Por qué me gusta la obra de Gustavo Roldán
Gustavo Roldán

 

Días atrás se despedía de este mundo uno de los escritores más importantes del litoral, Gustavo Rondán, aquí un homenaje al escritor de grandes y chicos.

 

Por Alejandra Liñán



Sobradas muestras de buena literatura y de humanismo ha dado la obra de Gustavo Roldán, no porque se haya dedicado a dosificar valores humanos como pastillitas preventivas para niños, sino porque aquellos que importan mucho para la humanidad contemporánea -aunque tantas veces se los olvide- están entramados en las historias que cuenta. Amor, generosidad, creatividad, solidaridad, comunidad de vida entre el hombre y todos los seres de la naturaleza como un anhelo de paz, son parte de la vida de sus personajes y de ese “sabor” particular con que el escritor compone sus textos.

 

Su mundo imaginario está centrado en el hombre, no en el individuo solitario sino junto a otros, contenido en la gregariedad, en diálogo con otros seres: una sociabilidad problemática a veces, cuyos conflictos se resuelven generalmente en la interacción. Los personajes se realizan en el diálogo; dicen lo suyo, lo que los identifica, y a la vez, se moldean en la interacción con los otros. Esos personajes son, casi siempre, animales del monte y del río, viviendo sus conflictos, sus deseos y esperanzas en el ámbito natural.

 

Un piojo que baila chamamé como ninguno, un tatú cuentero, o un sabio enfundado en piel rugosa y fría, como ese sapo inolvidable que, ante la inminente muerte del tatú anciano, les explica a monitos, corzuelas, tatucitos y otros pequeños el enigma de la muerte, en uno de los más profundos y admirables cuentos para niños escritos por estas tierras, Como si el ruido pudiera molestar.

 

También, algunas veces, los personajes vienen del mundo de los seres fabulosos, como el dragón.

 

Sus cuentos están habitados por la poesía, como aquella breve historia del perenne círculo de renovación de la naturaleza, por medio del amor y la unión de parejas de pájaros, transmitiendo la continuidad de la vida de padres a hijos, y así, cíclicamente, hasta procrear ¡una lluvia de pájaros!

 

Este creador de tanta literatura pertenece al Chaco. Sabemos todos que es su tierra natal y que, por más que la vida, los azares y los amores, lo llevaron a residir en otros lugares de la Argentina, su obra es chaqueña en lo más profundo.

 

Es un autor con todas las letras: por la creación literaria que trasciende fronteras y trascenderá en el tiempo y, a la vez, por la autoridad moral sostenida en la coherencia entre vida, obra y pensamiento, en defensa de la vida del hombre con justicia y libertad.

 

No hay recaídas en las concesiones al mercado en la obra de nuestro gran escritor de libros para niños, que, a la vez, no se cierran en el mundo infantil. Sus textos fascinan por igual a chicos y grandes. La literatura de Gustavo Roldán se anima a cruzar las fronteras de la clasificación por edades para seducir a lectores de cualquier edad.

 

Me animo a postular que, si Gustavo Roldán ha escrito tan extensa y original obra literaria; si ha pronunciado como la peor maldición de dragón la falta de amor en la vida, y, al mismo tiempo, su fama hace que esa afirmación de principios fundamentales conmueva y “ablande” a muchos seres humanos, merece justamente -en la república de las letras y en el reconocimiento de sus conciudadanos- el título de Dragón Mayor.

 

Es el dragón, fabuloso entre los seres de la imaginación, y, como la gente de nuestra tierra chaqueña, un poco pícaro y mentiroso -al modo del sapo de sus cuentos-, a la vez que sabio, con la sabiduría de la vida y la experiencia, atesorada tanto como la de los libros y la del legado de culturas ancestrales -mitos, leyendas, tradiciones orales- que siguen muy vivas en estas duras regiones.