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Desde la patria del chamamé al cielo inmortal
Miércoles, 29 de febrero de 2012
Desde la patria del chamamé al cielo inmortal
Hacia ese cielo que auguramos dichoso, en nombre de Dios y de la Itatí, partió ayer don Carlos Talavera, músico y acertado referente del Cuarteto Santa Ana, de cuyo legado se hizo cargo por entrega de Ernesto Montiel. Estaba muy delicado de salud hacía ya largos meses, tan desmejorado que su ausencia dejó una silla vacía en el escenario del Cocomarola durante la última Fiesta Nacional del Chamamé, cuando el grupo actuó sin su mentor.



Moni Munilla

Periodista y escritora.




Carlos Talavera nació en la Estancia “El aguacerito”, en Misiones. El 26 de febrero cumplió 71 años, internado en el Hospital Vidal, a donde llegó desde Santo Tomé, Corrientes, su lugar de residencia.



Tenía apenas 14 años cuando intuitivamente comenzó a tocar el acordeón y 17 cuando siguiendo la buena estrella que guía el destino de los músicos, viajó a Buenos Aires, formó su primer trío y ya hizo soplar su acordeón para que lo escuchen respirar los porteños. Se presentaba como “Carlitos Talavera y su conjunto” y fue así que conoció a don Ernesto, padrino de ese sueño que comenzaba a hacerse realidad. Autor, compositor e intérprete, registró y grabó en más de 30 discos, temas como “Casita de barro”, “Estancia Tres Taperas” y “La cordiona colorada”, por citar algunos.



Años más tarde, Montiel deja en sus manos no sólo un acordeón como obsequio. Le traza la huella del futuro con el invalorable nombre del Cuarteto Santa Ana. Esa promesa, de palabra, como saben pactar los hombres de ley, se cumple más allá de esta vida terrenal. Ambos ya no están, pero la savia de esta patriada chamamecera que su-pieron enarbolar con su música, habrá de sobrevivirlos en el sin tiempo de los inmortales. 



En el mes de mayo del 2009, Carlos Talavera estuvo en el Teatro “Juan de Vera” y su actuación se extendió por más de dos horas, ya que gentilmente respondió a cada pedido del público. Recordó a Montiel, se emocionó ante la maravilla de una obra musical de añeja partitura, de lozana armonía, de profunda sensibilidad y fuerza. “El toro”, “Estancia San Blas”, “Para Villanueva”, con ellos deleitó a la platea. Seguía estrenando el asombro de aquella estrella que le tocó el hombro en una cantina de Buenos Aires, cuando don Ernesto le extendió una mano.



Este es un breve adiós para Carlos Talavera. La muerte aún se figura extraña cuando marca las ausencias queridas.




Moni Munilla - diario El Litoral