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Tiempo de elecciones...
Jueves, 11 de agosto de 2011
Tiempo de elecciones...
Un buen momento para ilustrarnos con una historia, un cuento, pero que en realidad pasó, allá por los pagos de Ituzaingó donde hacía de las suyas un tal Gato Moro...

Compartimos con ustedes, un cuento exclusivo de Ernesto Ezquer



CORRIENTES PIDE LA PALABRA
Corrientes, una provincia que estuvo como suspendida en una fractura del tiempo por muchos años.  Los grandes ríos Paraná y Uruguay la defendían de un contacto masivo con el resto del país.  Su idioma propio, el guaraní, su música alegre y belicosa y el grito indio desafiante de sus paisanos, el “sapucai”, la hicieron como de otra época.  

Si, Corrientes era de otro tiempo.  Tenía su forma política distinta del resto de la Argentina.  Sus grandes partidos gobernantes, el Liberal y el Autonomista marcaban a los correntinos desde su nacimiento.  Porque se nacía liberal o se nacía autonomista, a tal punto que – yo mismo lo escuché muchas veces – al hablar de fulano o de mengano, se agregaba el comentario “si, es de familia liberal”.  Esos correntinos apasionados, feroces y de otra época, mostraban a qué partido pertenecían con su pañuelo, azul los liberales, colorado los autonomistas.  Cada una de las facciones tenía su polca  - “El 18” y “El Colorado”- ¡Hasta había un tuse  para cada partido!

La política era violenta, basada en las armas y en la fuerza, el Comisario de Policía era el amo y señor de la jurisdicción y todos debían bailar según la música que él tocaba.  Es decir, no todos.  He aquí una historia de alguien que no aceptó lo que querían imponerle.  


Ernesto Eliseo Ezquer Zelaya, tal vez por buscar el opuesto a la figura inexorable, de adusto senador romano de su padre, poco a poco empezó a convertirse en un personaje cuestionable por quienes se hallaban encadenados a las normas y principios de la época casi victoriana, pero admirado y querido por las gentes simples de su amada provincia. Él hablaba guaraní con los paisanos, cargaba facón y revolver y gastaba pesadas bromas a sus opositores políticos. Una de sus últimas hazañas fue esta:


LAS INCOMPARABLES VACAS DEL COMISARIO DE ITUZAINGÓ

El comisario de Ituzaingó era, ¡cómo dudarlo!, del partido Autonomista y ostentaba un pañuelo colorado, también todo su personal vestía una curiosa mezcolanza de uniforme y comité político. Los policías llevaban además de la gorra reglamentaria, rara vez la chaquetilla, los pantalones correspondientes y el indiscutible emblema de su poder, un sable. Y para que nadie dudara de su posición en el universo correntino, ¡un tremendo pañuelo rojo al cuello!  

La comisaría se hallaba frente a la plaza principal del pueblo. Ahora bien; llamar a “eso”,  “plaza”, es un eufemismo.  La así designada era una rústica manzana rodeada por un alambrado. Al centro, un pie de mástil donde a veces ondeaba nuestra bandera nacional –como para indicar que aún Corrientes era parte del país.

En ese bucólico lugar, paciendo en su grande y amable paz se veían siempre ocho o nueve vacas que por cierto, eran propiedad del comisario. Querido lector, habrás de saber que las vacas tienen "pelos" , estos pueden ser negros, negros y blancos, marrones, etc…pero ni en los sueños mas alcohólicos de los correntinos podrían aparecer vacas…¡azules!

Los ojos desorbitados del Sargento Balmaceda no anunciaban nada bueno cuando irrumpió en el despacho del Comisario aquella mañana. La Autoridad se hallaba tomando un tranquilo mate  de desayuno cebado por un preso.
-    Che Comisario, este, este… - tartamudeó el recio sargento aterrorizado ante la noticia que debía informar a su jefe.
-    ¿Qué tá lo que le pasa a usté Sargento? - inquirió Don Ramón un poco amoscado ante esta intromisión en su paz matinal. El pobre Sargento al fin reunió coraje y le pidió a su superior.
-    Venga, Che Comisario, mírele a las vacas - El Jefe accedió llevado por la curiosidad y muy molesto.  Se levantó y llegó así a la solitaria puerta de la comisaría –presos de un terror reverencial, los agentes de policía de la guardia habían desaparecido.  Al frente, la plaza, y en ella en una paz beatifica, comiendo su pasto, las ocho o nueve vacas ¡de color azul!  Creo que a Don Ramón casi le dio un ataque al hígado, un patatús nervioso y un infarto, todo combinado.  La afrenta era infinita, no sólo porque insultaba a su alta investidura, a su poder y a su dignidad (más de un paseante se sonreía al ver esto); sino que las vacas ostentaban el color del Partido Liberal, de los odiados "caramburú" .

¿Qué había pasado?, una pesada broma del heredero del adusto Dr. Ezquer.  Esa noche mientras los guardias dormían apacibles en sus puestos, él con un pequeño grupo de seguidores había entrado a la plaza y procedieron a teñir o pintar a las vacas de azul. Nada podía probarse, tampoco era saludable detener al dueño de Santa Tecla –y Rincón del Rosario- exponiéndose a una pequeña guerra local que podía tener consecuencias muy graves.  Quedaron pues las vacas azules, la indignación del comisario y, peor aun, un gran ridículo.  


Polca, forma musical común a Corrientes y al Paraguay. Es prima hermana de la “polka” (por “polaca”) nacida en Bohemia aproximadamente en 1830. Entiendo que descienden del minué.
Tuse, efecto de cortar el pelo de un caballo, trasquilar

“Pelo” se le dice a la capa o color de los caballos y otros animales.
El mate, es una costumbre común a Paraguay, Argentina, Uruguay y Brasil.  Es la infusión de la hoja de la Yerba Mate (Ilex Paraguayensis)
La expresión “Che Comisario” está derivada del guaraní, donde “Che” se traduce por “yo” o “mí”, en este caso debemos entender “mi Comisario”
Nombre que se daba antaño al Partido Liberal