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Chamamé
Sábado, 01 de diciembre de 2018
El chamamé tendrá que esperar para ser patrimonio cultural de la humanidad, pero sus mujeres no bajan los brazos
Aprovechan para denunciar la poca presencia femenina en una fiesta popular del interior.

La novedad se recibió con desencanto en la capital correntina: la XIII Asamblea de la Unesco –que se lleva a cabo en Islas Mauricio-, desestimó la postulación para que el chamamé integrara la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Según el comité, integrado por 24 países, el expediente deberá sumar algunos recaudos técnicos para volverse a postular.

De todas maneras, el presidente del Instituto de Cultura de Corrientes, Gabriel Romero, dijo a Clarín: “Estamos muy contentos porque el chamamé se presentó ante los embajadores de 24 países, quienes pudieron interiorizarse sobre el valor que tiene nuestra música. En febrero vamos a introducir nuevamente la postulación".


Declarado Patrimonio Cultural del Mercosur, y en la fila para nuevos reconocimientos internacionales, el chamamé es uno de los sellos de identidad del Litoral argentino. Las fronteras de la “nación chamamecera” incluyen a las provincias de Corrientes, Chaco, Entre Ríos, Santa Fe, Formosa y Buenos Aires; Rio Grande do Sul y Mato Grosso do Sul en Brasil, parte de Paraguay y el noroeste de Uruguay. Unas 30 millones de personas, en suma, sienten al chamamé como propio.


Esa movida tiene, sin embargo, una mácula: menos de 20% de los artistas contratados para animar fiestas chamameceras son mujeres.

"Basta revisar la grilla de cualquier festival de chamamé y predominan los artistas hombres, eso en el caso de que programen a alguna mujer; es incomprensible, porque la pasión chamamecera no tiene género", asegura la cantante y compositora Gicela Méndez Ribeiro.

En 2012, Gicela registró los testimonios de una veintena de cultoras del género en un documental titulado "El Chamamé y sus mujeres". "Cuando lo quise estrenar con alfombra roja en el mejor teatro de Corrientes, me cambiaron la fecha sobre la hora y no pudimos hacer la premiere, lo cual es muy revelador del lugar que las autoridades les dan a las mujeres chamameceras”, asegura.

En sus orígenes, las bailantas de chamamé se celebraban en parajes rurales donde las rutas de tierra, la falta de higiene, confort y seguridad eran parte del contrato. Los músicos estaban dispuestos al sacrificio, pero las mujeres no tenían cabida entre tanto infortunio.

Con el pasar de los años el chamamé subió a escenarios más sofisticados, pero dejó afuera a sus cultoras. Las Hermanas Vera, un dúo femenino con 50 años de trayectoria musical, han sentido la exclusión en carne propia. "En Corrientes nos negaron teatros importantes que abrían sus puertas a varones con menos recorrido que nosotras", recuerda Boni Vera.

Siete años atrás, Rafa y Boni Vera decidieron organizar el festival Mujeres del Chamamé, un evento exclusivo para performances femeninas. El objetivo es darle voz a las artistas que sueñan con subir a un escenario, desde aspirantes a divas hasta amas de casa aficionadas. El festival, con entrada libre y gratuita, es un éxito de público todos los años en Corrientes.

Las Vera estiman que para que exista más representación femenina en los escenarios, deberían mejorar los criterios de programación. "Hay gente organizando festivales que no entiende la naturaleza de este ritmo, su poesía y peculiaridades; tampoco hablan una palabra de guaraní y ¿quién puede entender al chamamé si no sabe guaraní?”, acusa Rafa Vera, apelando a los orígenes multiculturales del ritmo.

Marta Müller, acordeonista y compositora entrerriana, hija y nieta de acordeonistas, confirma las disparidades. "Como mujer siempre corres con desventaja, por más talento y profesionalismo que muestres", sentencia Marta, quien sin embargo aclara que "no imagino mi vida sin el chamamé".

Gabriel Romero, a cargo del Instituto de Cultura de Corrientes, admite que él y su equipo deben hacer una autocrítica por la pobre participación femenina en La Fiesta Nacional del Chamamé, que se celebra en enero y es uno de los eventos estelares del calendario chamamecero, con más de 100 mil espectadores y un costo de producción de 20 millones de pesos. “Pero no excluimos a nadie por su género”, aclara.


Según Eduardo Sívori, jefe de la Dirección de Artes Escénicas del Instituto de Cultura correntino, el problema es que no existen suficientes grupos formados por mujeres. Según el funcionario, la audiencia festivalera pide a figuras taquilleras como Bocha Sheridan, Mario Bofill, Los de Imaguaré, Julian Zini, Los Alonsitos, Cuarteto Santa Ana y Mario Cocomarola. “No podemos ignorar los gustos del público”, zanja.

No me pegues
En enero de 2014 -más de un año antes de la campaña #NiUnaMenos-, la cantante Susy de Pompert subió al escenario de la Fiesta Nacional del Chamamé con un elegante vestido negro para desplegar una actuación inédita. Mientras cantaba, una decena de actrices circularon por el escenario del anfiteatro Tránsito Cocomarola con carteles que rezaban “No me grites”, “No me ignores”, “No me violes”, “No me mates”, “No a la violencia” e “Inclusión”.

Susy es sobreviviente de la violencia de género: durante 11 años soportó golpes y maltratos de su marido, un comisario que le arrebató al hijo común. Denunciar casos como el suyo la catapultó a la celebridad, pero no siempre para bien.


Marta Carrara también fue una niña prodigio del arpa paraguaya, y ha llevado el chamamé a escenarios de Japón, Corea del Sur, México, Paraguay, España y Portugal, además de la Argentina. A pesar de sus logros artísticos nunca fue convocada como solista a la Fiesta Nacional del Chamamé. “He ido invitada por otros artistas, pero nunca como líder de mi propio grupo, aunque me gustaría, porque el chamamé es mi raíz”, resume Marta.

“Hace un par de semanas participé en el Festival Internacional de Armónica de Rosario, con el danés Lee Oskar como invitado . Todos los músicos tocaron jazz, uno tras otro lo mismo; cuando arranqué con un chamamé el público se animó, se formó la fiesta y eso es el chamamé, tiene vida propia”, celebra Miriam Asuad, virtuosa de la armónica, guitarrista, cantante y compositora con 40 años en la música. Su hija, Cecilia Benítez, también canta chamamé.

Ante los obstáculos, algunas artistas protestan como pueden. Marta Toledo, por caso, decidió que sólo cantará chamamés que no estigmaticen a las mujeres como "hembritas", cuyo fin poético es inspirar o romperle el corazón a los varones, en medio de un paisaje de llanura y río. Su cruzada musical ya le llevó a Brasil y Europa. "Mis propias amigas me advierten que por ser cantante nunca conseguiré marido; es lamentable ese discurso retrógrado viniendo de las propias mujeres".

El acordeonista Avelino “Niní” Flores (1966-2016) fue considerado unánimente un renovador del chamamé. La cantante chaqueña Verónica Noguera es su viuda y madre de su única hija mujer. Azorada, cuenta cómo los admiradores del músico presentan al hijo varón de Niní (de una relación previa) como su heredero musical. "A mi hija Victoria Aramí ni la nombran, como si no existiera, así de atrasada es la mentalidad que tenemos que cambiar en el mundo del chamamé".

Temporada de festivales
Objetos de deseo de todo artista profesional y amateur, los festivales de chamamé son un clásico en los municipios litoraleños durante el verano. Los mayores encuentros son el Festival Nacional del Chamamé (Entre Ríos), el Festival Nacional del Auténtico Chamamé Tradicional y la Fiesta Nacional del Chamamé, en Corrientes. Esta última, más conocida como “La Fiesta”, convoca a unas 100 mil personas durante sus diez noches de presentaciones en el anfiteatro que honra al prócer chamamecero Tránsito Cocomarola (1918-1974). Su producción le costó al gobierno provincial unos 20 millones de pesos en enero de este año, de los cuales 7 millones se dedican a la contratación de artistas.

El público de “La Fiesta” se duplica, sin embargo, cuando se suman los asistentes a los eventos paralelos de música, baile, recitados y comilonas que se celebran durante la segunda semana de enero desde hace ya 28 años. La Fiesta Nacional del Chamamé se dedica exclusivamente a ese ritmo, es financiada con fondos públicos desde 2002 y por ende digitada por los funcionarios de turno. Otros grandes eventos musicales de temporada como Cosquín o el Festival de Villa María, en Córdoba, no incluyen al chamamé en sus grillas.

Valentina Alvarez - Maestría de Clarín / San Andrés