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Chamamé
Lunes, 20 de junio de 2016
Juan Carlos Jensen: “Mi voz se moviliza desde el corazón”
Autor de emociones, sus poemas alcanzan la fibra más tímida de los sentimientos. “Me inspira mirar viendo, que no es lo mismo que sólo mirar”, dijo. Nunca supo soltar un sapukái, pero sus estrofas pueden inspirar a un pueblo a expresarlo.

Sus glosas son para los chamameceros como la fe para el religioso y con la intensidad que despliegan sus versos, la voz de Juan Carlos Jensen es un abrazo de emociones. Poeta y compositor mburucuyano, celebra hoy sus 70 otoños con la plenitud intacta, trabajando en nuevos proyectos.

Entonado de poesías y el corazón embriagado de chamamé, Jensen parece tener la frescura del poeta enamorado de la vida. De ojos chicos pero mirada intensa, su figura de hombre fuerte no condice con su forma de ser. “Me da mucho placer contactarme con la gente, siento mucho el afecto que me regalan, a pesar de mi contexto corporal y mi seño fruncido soy de emociones fáciles”, dijo el artista en diálogo con época.

No es de andar como “loco” componiendo, aunque siente lo que desea escribir. “Soy ciclotímico, no tengo una constancia. Necesito cargar las baterías, ir juntando aquello que nos moviliza el corazón y cuando tengo la caballada o el tropel que viene encima, ahí es donde tengo la necesidad de descargar y me siento a componer”, explicó Jensen, uno de los máximos glosistas del género chamamecero.

Según el poeta, “las inspiraciones surgen de mirar viendo, porque hay muchos que miran sin ver. Cada uno mira con su propia percepción”, afirmó el artista y añadió: “Yo siempre pongo como ejemplo, el que es carpintero ve un lapacho florido y dice ‘qué hermoso lapacho para hacer un mueble’, yo cuando veo uno florecido digo ‘qué gigante ramo de flores’”, comentó iluminando su rostro con una sonrisa.

Fue tocado con la “pluma” de Dios, sus composiciones describen lo que un pueblo siente por dentro y pone voz al chamamé para expresar eso que somos, que sentimos. “Mis primeras experiencias son de la adolescencia. Nuestros primeros amores, lo que todos hacemos, esa práctica de seducción”, refirió. A esto agregó que “los sentimientos me llevaron a escribir pero también tuvo que ver mucho la lectura, era frecuente a la aventura de leer, era muy curioso y leía en forma indiscriminada, leía lo que caía en mis manos”, soltó a modo de receta para los que ansían escribir.

JENSEN: “NO SÉ GRITAR UN SAPUCAY, PERO ME EMOCIONO CUANDO LA GENTE ME DEDICA LOS SUYOS”.
JENSEN: “NO SÉ GRITAR UN SAPUCAY, PERO ME EMOCIONO CUANDO LA GENTE ME DEDICA LOS SUYOS”.

Entre sus primeras lecturas recuerda las revistas de Colt Miller y Roy Rogers: “Eran de los años 50, tenía entre seis y siete años, vivíamos en la estancia Santa Teresa donde es hoy el Parque Nacional (Mburucuyá), no entendía mucho, mi mamá me iba guiando y así aprendí también a leer antes de ir a la escuela”, recordó con la mirada perdida en el tiempo.

Si bien su voz da esa extraña sensación de hombre seguro, no le fue sencillo soltar sus primeros versos. Jensen recuerda sus primeras musiqueadas, “asaditos entre amigos en mi pueblo, por ahí intentando corregir tímidamente a los que se animaban a algunas glosas, estaba en los detalles y les decía ‘no lo digas así’, intentando que sea un poquito más pulido”, dijo Jensen y recordó: “Hasta que uno un día me paró el carro y me dijo ‘ya que tanto nos corregís por qué no nos recitás vos’ y bueno, le dije y arranqué con tres o cuatro cositas y después andaba diciendo versos por todos lados”, comentó entre risas.

Primero soltó versos de otros compositores: “No me animaba a decir los míos”, dijo y trajo a la memoria que su primer verso fue el Caá Guazú, un verso yopará (castellano guaraní) de (Carlos) Alberto Castellán de Mercedes, era originalmente una polca cuartelera como le decían”, comentó el mburucuyano.

Por esos tiempos ya comenzaba a transitar el mundo artístico, “ya hacía cosas con Eustaquio Miño, alguna letra para ponerle música y ese (Caá Guazú) era mi único recitadito de memoria, mi caballito de batalla”, comentó. A esto agregó una anécdota, “un día estábamos con los chicos de Reencuentro, no me acuerdo quién fue el que me dijo ‘che, ese tenés que grabar con nosotros’ y ahí nomás saltó Miño y dijo ‘no señor ese graba con nosotros’, afirmó volviendo a soltar más risas.

Su voz gruesa y rústica le permite endulzar el corazón de la gente con sus versos. “Pienso que eso se da porque siento lo que digo, tanto, que tengo dos poemas por ejemplo que me resultan imposible decirlos, a menos que los lea pensando en otra cosa”, manifestó el poeta y agregó: “Uno es el que le hice a Tito Miqueri, que se llama Tito Bandoneón, que es mi hermano de toda la vida y otro fue a mi mamá, que grabando a la mitad del verso me quebré y no sé cómo lo terminamos”, recordó.

Eso muestra lo sensible que es Jensen, que contrario a los chamameceros olvidadizos que como dice la canción de Mario Bofill “salen del pozo con un sapukái”, en el poeta la cuestión no es tan simple.

“No sé gritar sapukái”, dijo un hombre que puede soltar en versos una catarata de sapukái, capaz de hacer gritar a un pueblo entero con sólo un verso. “Las glosas las tengo memorizadas pero cuando me emociono, los sentimientos me juegan en contra y me olvido, por eso los llevo en un papel”, afirmó y recordó una de sus obras. “Siempre digo un poema que se llama “Por carta de San Antonio” y ya van dos años que me emociono y la gente me queda mirando. Este año dije cómo voy a llorar o leo o hago uno más cortito para que no me llegue antes la emoción”, manifestó entre risas.

Por último, se refirió al chamamé y expresó que está muy potenciado. “Está muy bien, veo un género levemente nuevo, muy lindo. Sobre todo en el ámbito del chamamé canción, la música urbana como le decimos nosotros que andamos en el campo”. En este contexto refirió además que “hay muy lindas poesías y con cierta creatividad que por ahí les falta un poco más de impulso. Hay temas que tardan mucho en llegar a la gente, no tienen procesos así explosivos como sucede en el rock u otros géneros. El chamamé parece ser un poco más masticado”, dijo el poeta.

Por estos días, Jensen se encuentra trabajando en la reedición de algunos de sus libros. “Pero también con ganas de grabar con Bruno Mendoza, Martín Sandoval, Martín Sena y José Luis Paiva. Les pedí que todos los temas que hagamos sean nuevos. Estamos trabajando en ese proyecto”, afirmó con una sonrisa.

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Escritor de emociones

Poeta, glosista y autor, Juan Carlos Jensen nació en Mburucuyá un día como hoy pero de 1946. Desde muy chico se inclinó por las letras, lo que permitió en su adolescencia escribir sus primeros poemas.

Posteriormente inició una prolífica colaboración autoral con su compueblano Eustaquio “Papi” Miño dando vida a celebradas obras que integrarían el repertorio del conjunto de este último. Compiló sus poemas en el libro “De amigos y vinos” y en el año 2011 editó su primer disco solista titulado “Juan Carlos Jensen, su poesía y su voz”.

Para los amigos es un humanista que lo comparte todo. Se permite vivir intensamente cada momento, disfrutando como buen sibarita de todo lo que la vida le ofrece. Hoy junto al maestro Bruno Mendoza, Martín Sandoval, Martín Sena y José Luis Paiva recorre los escenarios de la provincia y el país llevando su poesía en el alma.



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