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Chamame por la Paz
Jueves, 06 de noviembre de 2014
EL ORGULLO DE SER NOSOTROS

Cuando las acciones de los seres humanos en beneficio de la paz, se llevan a cabo con la fe en Dios y con la protección de la Virgen: suelen suceder cosas como las que ocurrieron el domingo 2 de noviembre, en la Parroquia de Itatí, en la Villa Constructora del Partido de La Matanza.
Justo en el día más lluvioso y más tormentoso del año, bajo un diluvio y con la zona totalmente inundada: los promeseros de Itatí decidimos encontrarnos a rezar, a pedir por nuestros hermanos, a encender la solidaridad en nuestros corazones: y a chamamecear por la paz hasta que las velas no ardan...
De la mano del Padre Gustavo Álvarez (que casi no ve, que ve muy poco pero que nos ha enseñado a “mirar” a casi todos) fuimos llegando con nuestros paraguas desvencijados, cubiertas nuestras cabezas a duras penas por cuanto pedazo de diario o bolsa de plástico pudimos encontrar por ahí; saltando charcos (como nos solía pasar en nuestros queridos pagos de la infancia); salpicando y chorreando agua por todos lados; empapados de amor y gloria a la Virgencita de Itatí, que había llegado desde Corrientes, traída y muy bien cuidada por los misioneros del Padre Miguel, fiel custodio de la imagen cuando esta acierta a pasar por Buenos Aires.



La cuestión es que a la hora señalada, exactamente en el mismo momento de la hecatombe climática: el festival CHAMAMÉ POR LA PAZ estalló en el corazón de La Matanza y generó una de las demostraciones de amor y de fe como hacía mucho tiempo yo no veía. Con Nina y Alejandro Brajín en nombre del Grupo Ñemity (“Sembrar”); con el Padre Bachi del Grupo Aimé Nendive (“Estoy con vos”); con toda la grandiosa Comunidad Itateña de la Parroquia, que a lo largo de la tan intempestiva jornada había sostenido férreamente el recuerdo de nuestros seres queridos, en el Día de los Fieles Difuntos y de todos los Santos. Con Mario y Marita Gonzalez, a cuya incansable y querida Cámara Chamamecera no la paran ni los vientos ni los temporales ni nada de nada. Y con el apoyo de la Fundación Chamamé y la Cadena de Radios que tan bien dirigen y llevan adelante Silvia Muñoz Velchef y Mariano Rojas; con más el formidable empuje de “La Marca del Yacaré”, la Red Chamamecera que viene mostrando y promocionando a cuanta cordiona y cuanta mbaracá se levanten en favor de nuestra santa e inconmensurable chamamesura.




Y cuando la Parroquia de Itatí hervía de gente… de nuestra gente; cuando las manos de Aldana Ayala iban acariciando su arpa paraguaya a los sones de “Tren Lechero”, “Llegada” y “Pájaro Campana”, sucedió uno de los momentos más emotivos de la noche (acaso coronando esa hermosa manifestación de amor y de fe que entre todos nos estábamos regalando, a pesar del mal tiempo): mi hermano del camino Mario Miño nos avisó desde el frente de la parroquia (él los había traído)… y aparecieron.. se largaron así nomá a pesar de los riesgos por la tormenta y por la lluviarada que no paró en todo el día. Llegaron pidiendo paso, con ojazos incrédulos ante la numerosa concurrencia (como en los mejores patios chamameceros a pleno sol): Juan y Ernestito Montiel con el Cuarteto Santa Ana entraron a la parroquia repleta que los estaba esperando (pero que les hubiera perdonado el faltazo porque prácticamente era imposible poder llegar)… pero ellos llegaron, mojados y felices, se entreveraron con el pueblo que ya se había transformado en un concierto espontáneo de aplausos y sapucáis; que ya era la más grande euforia y los más entusiastas palmoteos y el más alto de los griteríos, en un formidable desahogo popular del Pueblo Itateño, que los siguió aclamando y ovacionando al punto de interrumpir la Misa, ante la sorpresa y la sonrisa de los Padres que la estaban oficiando.



Todo lo que sucedió después, se los juro por mi Madre: fue un GLORIOSO CANTO CHAMAMECERO DEL ALMA… CANTADO CON LAS TRIPAS DE UN PUEBLO ENAMORADO DE LA ITATÍ DE DIOS. Con Nahuel (la primera guitarra y voz del cuarteto) deslumbrando de ternura y emoción a cada punteo; con Juancito que al mismo tiempo que tocaba, se emocionaba y lloraba. Y con ese esplendente Ernestito Montiel, que no conforme con hacernos cantar a coro los más sentidos chamamé de Don Ernesto: se calzó el acordeón sobre el lomo y nos hizo bailar y bailar… ya corridos los bancos… ya transformada la parroquia en una formidable bailanta chamamecera (haciendo el lío que nos pidió el Papa Francisco)… si hasta la Virgencita de Itatí parecía bailar y llorar con todos sus promeseros que la estábamos aclamando a puro chamamé bien entonado.



La medianoche de un domingo inolvidable, nos encontró declarando Embajador Chamamecero por la Paz al Padre Gustavo Álvarez; y entregando los Diplomas de Honor Chamamecero a todos los participantes de semejante fiesta.



Y yo me fui caminando con Mario y la Cámara Chamamecera… chiflando por lo bajo nuestros chamamecitos queridos… sabiendo que Don Ernesto Montiel y la Virgencita de Itatí todavía andarían hablando con orgullo de su feligresía… de todos sus paisanos peregrinos a los que no les atajó ni la tormenta más mentada, ni la lluvia más copiosa, ni la inundación más tremenda.… allá en el cielo andarían hablando… la Itatí y el Don Ernesto …de todos los orgullosos de ser nosotros.




CARY MACENA